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lunes, 23 de mayo de 2011

HIMNO NACIONAL MEXICANO (Letra completa)


El Himno Nacional Mexicano es uno de los símbolos patrios de México. Fue escrito en 1853 por el poeta potosino Francisco González Bocanegra y musicalizado por el compositor catalán Jaime Nunó Roca.

Historia

En 1821, José Torrescano presentó una primera composición del Himno Nacional, sin embargo, no tuvo la completa aceptación por parte de la Nación Mexicana.

En el año de 1849 la Academia de San Juan de Letrán lanza una Convocatoria, con el objeto de adquirir una letra adecuada para el himno que representaría a los mexicanos, sobre todo al exterior. En dicha convocatoria, se recibieron treinta composiciones, de las cuales se eligieron dos: la del compositor estadounidense Andrew Davis Bradburn, y la del poeta mexicano Félix María Escalante, la cual fue musicalizada por el austriaco Henry Herz, ésta última fue elegida para ser presentada en Guadalajara en noviembre de 1850.

Tiempo después, un poeta cubano, Juan Miguel Lozada y el compositor Nicolas-Charles Bochsa, crean un nuevo himno nacional, sin embargo no trascendió.

Desde 1850, se realizan otros intentos para lograr que México tuviera un himno nacional como la propuesta del compositor italiano Antonio Barilli, la del húngaro Max Maretzek, y la de otro italiano Ignacio Pellegrini. Dichas propuestas fueron todas presentadas, pero sin mayor relevancia.

En 1853, el presidente Antonio López de Santa Anna convocó un concurso para la creación del Himno Nacional. La convocatoria ofrecía un precio "a la mejor composición poética que pueda servir de letra a un canto verdaderamente patriótico". Se fijó un plazo de veinte días para presentar el trabajo.

Francisco González Bocanegra, un poeta talentoso, no estaba interesado en participar en el concurso. Razonaba que escribir poemas para la mujer amada era una cosa muy diferente a escribir la letra del himno de una nación. Sin embargo, su prometida Guadalupe González del Pino (Pili), sin desanimarse por la continua falta de interés de Francisco a pesar de la constante insistencia de ella y sus amigos para participar, decidió tomar cartas en el asunto. Usando un pretexto, guío a Francisco a un cuarto aislado en su casa, lo encerró, y no le permitió salir hasta que entregara una composición para el concurso. Después de cuatro horas de forzada, pero abundante inspiración, Francisco fue capaz de obtener su libertad a cambio de diez estrofas que le pasó por debajo de la puerta a su captora. Estrofas que posteriormente ganaron la competencia.

Más tarde, en agosto de 1854, se seleccionó la música compuesta por el español de nacimiento Jaime Nunó, un inspector de bandas militares, como acompañamiento a la letra de Francisco.

El himno fue estrenado oficialmente el 16 de septiembre de ese mismo año, bajo la batuta de Jaime Nunó, interpretado por la soprano Balbina Steffenone y el tenor Lorenzo Salvi. Francisco González Bocanegra y Guadalupe González del Pino, para entonces casados, asistieron al evento.

En 1943 el Himno Nacional Mexicano se hace oficial, bajo el decreto presidencial de Manuel Ávila Camacho, a través del Diario Oficial de la Federación.

Finalmente, en 1984 bajo la presidencia de Miguel de la Madrid Hurtado, se publica la Ley sobre la Bandera, el Escudo e Himno Nacional donde se especifica el uso y características de los Símbolos Patrios.

Página para descargar el Himno Nacional Mexicano en .zip, se muestran ocho versiones, dos instrumentales y seis corales.

Versión original

(Coro)
Mexicanos, al grito de guerra
El acero aprestad y el bridón,
Y retiemble en sus centros la tierra
Al sonoro rugir del cañón.
Estrofas

I
Ciña ¡Oh Patria! tus sienes de oliva
de la paz el arcángel divino,
que en el cielo tu eterno destino
por el dedo de Dios se escribió.
Mas si osare un extraño enemigo
profanar con su planta tu suelo,
piensa ¡Oh Patria querida! que el cielo
un soldado en cada hijo te dio.

II
En sangrientos combates los viste
por tu amor palpitando sus senos,
arrostrar la metralla serenos,
y la muerte o la gloria buscar.
Si el recuerdo de antiguas hazañas,
de tus hijos inflama la mente,
los laureles del triunfo, tu frente,
volverán inmortales a ornar.

III
Como al golpe del rayo la encina
se derrumba hasta el hondo torrente
la discordia vencida, impotente,
a los pies del arcángel cayó.
Ya no más de tus hijos la sangre
se derrame en contienda de hermanos;
solo encuentre el acero en tus manos
quien tu nombre sagrado insultó.

IV
Del guerrero inmortal de Zempoala
Te defiende la espada terrible,
Y sostiene su brazo invencible
tu sagrado pendón tricolor.
El será del feliz mexicano
en la paz y en la guerra el caudillo,
porque el supo sus armas de brillo
circundar en los campos de honor.

V
¡Guerra, guerra sin tregua al que intente
de la patria manchar los blasones!
¡guerra, guerra! los patrios pendones
en las olas de sangre empapad.
¡Guerra, guerra! en el monte, en el valle,
los cañones horrísonos truenen
y los ecos sonoros resuenen
con las voces de ¡Unión! ¡Libertad!

VI
Antes, Patria, que inermes tus hijos
bajo el yugo su cuello dobleguen,
tus campiñas con sangre se rieguen,
sobre sangre se estampe su pie.
Y tus templos, palacios y torres
se derrumben con hórrido estruendo,
y sus ruinas existan diciendo:
de mil héroes la patria aquí fue.

VII
Si a la lid contra hueste enemiga
nos convoca la trompa guerrera,
de Iturbide la sacra bandera
¡Mexicanos! valientes seguid.
Y a los fieros bridones les sirvan
las vencidas enseñas de alfombra:
los laureles del triunfo den sombra
a la frente del bravo adalid.

VIII
Vuelva altivo a los patrios hogares
el guerrero a contar su victoria,
ostentando las palmas de gloria
que supiera en la lid conquistar.
Tornáranse sus lauros sangrientos
en guirnaldas de mirtos y rosas,
que el amor de las hijas y esposas
también sabe a los bravos premiar.

IX
Y el que al golpe de ardiente metralla
de la Patria en las aras sucumba
obtendrá en recompensa una tumba
donde brille de gloria la luz.
Y de Iguala la enseña querida
a su espada sangrienta enlazada,
de laurel inmortal coronada,
formará de su fosa la cruz.

X
¡Patria! ¡Patria! tus hijos te juran
exhalar en tus aras su aliento,
si el clarín con su bélico acento
los convoca a lidiar con valor.
¡Para ti las guirnaldas de oliva;
¡un recuerdo para ellos de gloria!
¡un laurel para ti de victoria;
¡un sepulcro para ellos de honor!